«La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política…»

                                                                                                          -Francisco de Quevedo-

El camaleón es un animal que se camufla, según las circunstancias, para sobrevivir… esa característica es propia también de muchos políticos; en la actualidad lo vemos con mayor nitidez, ya que el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador exige cambios radicales en la manera de pensar, actuar y hasta de vestir. Podríamos hacer una larga lista de políticos que se han adaptado a la realidad que exige la Cuarta Transformación, dichas “adaptaciones” pueden ser de diversos tipos y en diferentes circunstancias; hay algunos que ya estando en el lugar que buscaron estar, continúan cometiendo actos de muda, sí, mudan de piel de acuerdo a las circunstancias que se les van presentando. Empezaré con la actual Secretaria de Gobernación.

Olga Sánchez Cordero, fue nominada ministra en 1995 por el entonces presidente Ernesto Zedillo, al paso de los años, la rubia y elegante ministra tejió finamente su relación con la gente del proyecto de Andrés Manuel López Obrador, se supo relacionar, se supo acercar, guiñó con algunas acciones concretas y con mucha pretención su ojo siempre vivaracho, para la fecha de su retiro, en diciembre de 2015 dicha relación ya estaba echada a andar.

Era difícil pensar que Olga Sánchez conciliaría su muy lujosa vida y su elevadísima pensión como ministra en retiro con la supuesta austeridad republicana propia del proyecto de López Obrador, aunado a lo anterior la exministra no podía recibir dos salarios, y ahí vino el primer dilema, ¿por cuál optar? no sorprenda al lector que haya decidido donar su salario como secretaria de Gobernación y disfrutar de la elevadísima pensión como ministra en retiro, la cual supera por más del doble el salario como secretaria de Estado y el del mismo presidente López Obrador.

A cambio de eso vimos a una Sánchez Cordero con un aspecto evidentemente más modesto, más propio de la 4T, no más tintes de pelo, no más peinados elaborados; en pocas palabras su imagen fue adaptada a la nueva realidad, la cual exigía mandar el mensaje de que lo prolijo, cuidado y bien diseñado es casi una exquisitez propia de otros sexenios.

Pero el camuflaje de la Secretaria de Gobernación no solo cambia en lo externo, ­­–no se piense que es superficial la observación, la imagen de las personas dice más de lo que imaginamos– se acompaña de acciones incongruentes y ajustadas al momento, dando como resultado un complejo entramado de adaptación a las circunstancias que viola así el principio fundamental de toda interacción humana: la confianza.

Los actos camaleónicos de Olga Sánchez Cordero son de todo tipo, empecemos por el más vergonzoso, el 26 de septiembre de 2019 durante su comparecencia ante el pleno del Senado, la secretaria en cuestión, expresó en torno a la llamada ley Bonilla: “Es, en mi opinión, inconstitucional. No he cambiado de opinión. Punto. La sostengo”, su voz firme y resuelta le valió el aplauso de los legisladores; fue sin duda una declaración que dio tranquilidad a todos aquellos preocupados ante la posibilidad de que la reforma a la Constitución de Baja California permitiera que el gobernador de esa entidad Jaime Bonilla, extendiera su mandato de forma a todas luces ilegal.

Pero en los primeros minutos del 1 de noviembre de ese mismo año, la funcionaria mudó de postura y en una alegre reunión donde desbordaba camaradería, dijo al cuestionado gobernador Bonilla –luego de que él tomara posesión del cargo– “ahorita acabo de hacer una declaración importante. Preguntaron: ¿es legal los cinco años? Les dije: Es Legal porque la norma está vigente”, todos rieron a carcajadas, no conforme, la secretaria abonó “para mí, la norma va a pervivir…”

Dicha acción fue sin duda una estocada directa a la confianza que ya se tambaleaba en torno a Olga Sánchez Cordero, esa confianza que es necesaria para poder realizar acciones conjuntas porque se le entregó un poder decisivo sobre asuntos que, en política pueden ser vitales, como la libertad y hasta la vida. Sin confianza no puede haber delegación de poder en democracia.

A la larga lista de camuflaje político del personaje en cuestión se deben añadir las contradicciones cuando aborda lo relativo a los llamados derechos reproductivos de la mujer, por un lado busca despenalizar el aborto y, por otro, permitir el alquiler de vientres, tan es así, que presentó una iniciativa el 20 de noviembre de 2018 que busca regular la cuestionada y violatoria práctica que pondrá a las mujeres con necesidades económicas a disposición de quienes tienen dinero para demandar bebés en las condiciones que a ellos les parezcan favorables.

La agenda de las mujeres ha sido muy golpeada por la secretaria de gobernación, quién se dice formar parte del gobierno más feminista y por otro lado calla ante la embestida del presidente López Obrador contra las acciones de los grupos feministas, las demandas de los colectivos, el grito de atención a la violencia contra las mujeres y el recorte suicida al presupuesto para el INMUJERES.

Es la misma secretaria de gobernación quien en plena pandemia, frente a miles de mexicanos muertos por coronavirus y ante la gravedad del masivo contagio, dijo en una entrevista radiofónica que ella no usaba cubrebocas, –igual que el presidente López Obrador– que estaba blindada con gotas de nano moléculas de cítricos.

Sin duda el camaleón político, actúa conscientemente de mala fe, se transforma para conseguir su objetivo y una vez alcanzado hace lo que tenía calculado.

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