«Sabían de donde querían salir, pero no sabían a donde querían llegar…»

Entiendo las razones que llevan a miles, tal vez millones de mexicanos a pensar en la opción de sufragar su voto de forma «útil» en la elección del próximo 6 de junio de 2021, la situación del país es insostenible, ante la peor crisis económica y de salud, el gobierno más inepto, errático y sin contrapesos. El próximo año representa la esperanza de lograr, que en la Cámara de Diputados y en los congresos locales, Morena no goce de la mayoría que se dedica a aprobar las aberrantes iniciativas del titular del ejecutivo, sumemos la renovación de 15 gubernaturas y miles de ayuntamientos, en total 21 000 cargos de elección popular.

En estricto sentido, todos los votos son útiles porque expresan la voluntad popular; en lo personal me gusta más el término «voto estratégico», pero usaré «voto útil» porque lo escucharemos miles de veces en los próximos meses… El voto útil es aquel mediante el cual el elector está dispuesto a no votar por la opción de su preferencia para sumar su voto al partido que tenga más posibilidades de ganar, suele presentarse en escenarios donde priva un ambiente negativo y de amenaza; votar útilmente puede representar la oportunidad de lograr un objetivo común, ya que solo funciona cuando logra ser masivo. Pero hay mucho que decir al respecto.

Aunque la idea suena sencilla y efectiva, puede llegar a ser un arma de doble filo, las razones son diversas. Comienzo por recordar que en nuestro país la participación de los ciudadanos en la vida democrática es sumamente pobre, más allá de los altos porcentajes de abstencionismo en los procesos electorales, hay datos alarmantes como los observados en la más reciente Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP 2012), la cual arroja que a pesar de que 6 de cada 10 ciudadanos prefieren a la democracia como forma de gobierno, 8 de cada 10 perciben a la política como un tema muy complicado o algo complicado mientras que, el 65% de los entrevistados declararon tener poco interés en la política.

El voto útil se gesta primero desde la esfera personal, para que sea efectivo y responsable requiere un proceso de reflexión y análisis por parte de cada elector quien debe estar medianamente enterado de los asuntos de interés general, ya sea local o nacional, formarse una opinión, analizar los escenarios futuros, evaluar los desempeños, escuchar las propuestas, revisar encuestas, procesar todo y tomar una decisión; por supuesto no se necesita ser politólogo para lograr lo anterior, solo mantenerse informado e involucrarse en los temas que deberían preocuparnos a todos. Ese retador proceso suena difícil de materializarse ante una ciudadanía que manifiesta tener poco interés en la política porque son «temas complicados», y por lo tanto estar a merced del vaivén de encuestas, algunas serias, algunas no… ¿En quién creer?, ¿cómo definir la estrategia?, ¿en dónde informarse?, para algunos esas respuestas no son fáciles de encontrar, habrá muchos convocantes al voto útil e información confusa.

Por otro lado, el voto útil, beneficia enormemente a los partidos políticos por los cuales se decanta el electorado, ya que, resultan ser los usufructuarios de lo que representa un sacrificio para quien ya tenía identificada la opción de su preferencia, pero dicho sacrificio puede ser decepcionante y de paso llevarnos a una nueva ola de desánimo que abone a la desconfianza; no olvidemos que, una buena parte de la clase política mexicana suele actuar de forma pobre y no cumplir con las expectativas de la ciudadanía que confió en ellos. El voto útil no está relacionado necesariamente con el éxito de ningún gobierno.

Los acaudalados partidos políticos, que año con año reciben cientos de millones de pesos provenientes del financiamiento público (deben destinar parte de su presupuesto a las campañas políticas), son definitivamente quienes gozan del activismo de los ciudadanos convocantes al voto útil, pero dado el divorcio entre partidos y ciudadanía, existe el riesgo de que las intenciones de unos y de otros no converjan, y al final no se materialice el tan anhelado bien común.

El voto tiene valor como acción individual, y va más allá de meter la boleta en una urna, el acto de votar libremente representa un derecho conquistado, es el resumen de muchas luchas, represiones brutales e incluso vidas perdidas; si se decide hacerlo útil (de acuerdo al concepto ya explicado), no debe verse solo como la pasajera idea de escoger el mal menor en beneficio de la colectividad, también exige asumir que puede representar un sacrificio para unos y un beneficio para otros, pero nunca, firmando un cheque en blanco a favor de los políticos y sus partidos; debe acompañarse de varias acciones que comprometen aún más a los ciudadanos, no elimina la obligación de exigir programas de gobierno que miren a todos, excelentes perfiles y rendición de cuentas.

Si usted, la organización de la cual forma parte, sus allegados o familia han considerado votar útil o estratégicamente, háganlo saber al partido político que se beneficiará (de ser posible por escrito y publicado en redes sociales), explique los argumentos de utilidad dejando claro cuáles objetivos políticos dentro del programa electoral quisieran usted y su grupo que se consideraran como elementos centrales, las expectativas respecto a los planes de gobierno y agenda legislativa, si en el camino encuentra a otras organizaciones que ya están haciendo lo propio, coincide y considera que su firma, la réplica de los pliegos petitorios y compartirlo con otros es provechoso para los intereses ciudadanos, entonces súmese y comparta.

Recuerde, el voto útil no es un cheque en blanco, muchas organizaciones buscan acercarse con las dirigencias de los partidos y materializan encuentros, esa capacidad de acción debe ser aprovechada por los ciudadanos, participe, involúcrese; el desánimo abona a la falta de compromiso, en la medida en la que los partidos, sus candidatos y funcionarios no se sientan observados y vigilados se seguirán sirviendo con la «cuchara grande» al amparo del olvido y desprecio de la ciudadanía; mientras tanto los puestos seguirán ocupándose, las elecciones seguirán su marcha y saldrán a votar los beneficiarios de programas sociales y uno que otro entusiasta del voto.

El voto útil no debe ser un acto desesperado y poco razonado, al contrario, se debe acompañar de condiciones y exigencia de compromiso, si no es así, seremos protagonistas del «sabían de donde querían salir, pero no sabían a donde querían llegar», haga de su voto una sofisticada estrategia con futuro.

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