«No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo»


«No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo»

Giulio Andreotti

En menos de 150 días viviremos el proceso electoral más grande de la historia de México, más de 21000 puestos de elección popular serán renovados, entre ellos la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas, 30 congresos locales, mil 900 ayuntamientos y juntas municipales; sin duda un reto para la ciudadanía y el ambiente propicio para que se «cuelen» una buena cantidad de personajes impresentables que buscarán llegar al poder. 

Ondeando la bandera de la libertad, del derecho constitucional a participar y a ser electo, del examen de conciencia e incluso de la supuesta capacidad para «aportar» en cualquier lugar, observamos personajes que migran sin pudor alguno de un partido a otro, de una manera de pensar a otra, de los principios de derecha a los principios de izquierda, en pocas palabras… Duermen de un color y amanecen de otro. A estos flexibles y despojados seres les llamamos «tránsfugas políticos».

Por supuesto hay excepciones, y no incluimos en la misma categoría a los personajes que evolucionan dentro de una misma línea de pensamiento y acompañados de reformas congruentes se ven obligados a abandonar un proyecto para integrar otro sin alterar sus presupuestos ideológicos, mucho menos señalamos a las mujeres víctimas de violencia política para quienes las puertas se cierran y buscan abrir otras.

Hecha la excepción, podemos decir que la figura del tránsfuga es muy común, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define que como «la persona que pasa de un partido a otro»; el tránsfuga es interesado y ambicioso, curiosamente no migra en condición de simple militante o para construir un nuevo proyecto desde las bases, lo hace siempre buscando una candidatura, una posición importante, incorporación a futuras listas electorales, nombramientos convenientes, disfrute de superiores recursos o una negociación que le permita sobrevivir; invariablemente el migrar le reditúa, le conviene.

Los hay de varios tipos, los tránsfugas electorales aparecen en periodos de campañas, nos sorprenden cuando vemos su propaganda bajo nuevas siglas y colores (aunque siempre con la misma sonrisa); hemos registrado incluso a quienes han desfilado por 3 o 4 partidos diferentes… Sin pena alguna piden el voto para su nuevo proyecto, hay quienes incluso apostando a la economía de la causa, usan la misma foto que en otras campañas con otros partidos, es que el elector es olvidadizo y los gastos son muchos. Por supuesto hay casos peores y dignos de análisis, son los nómadas electorales que reciben la inspiración divina y con suma generosidad y elevada capacidad de olvido regresan al partido del cual habían salido denunciando las más bajas prácticas antidemocráticas, siempre ante la mirada complaciente de los líderes partidistas, quienes convierten sus institutos políticos en una suerte de cantina con puertas abatibles por donde salen y entran personajes, eso si, dichos personajes deben estar bien posicionados en las encuestas y redituar electoralmente.

También hay tránsfugas en funciones, el lugar más común para observarlos es en los órganos colegiados como las cámaras y los cabildos, justamente cambian de «bando» cuando se necesita completar mayorías, en votaciones complejas y controvertidas, y son quienes inclinan la balanza y ayudan a que transiten las reformas por el «bien de México»; también lo hacen cuando hay conflictos internos acusando invariablemente falta de democracia, y son recibidos con los brazos abiertos por otras fracciones parlamentarias, porque un voto es un voto en el mundo de la negociación política.

La migración política es muy común, pero lo es más en los países con baja participación y poca cultura democrática, ya que el precio que se paga es barato, la denuncia de lo sucedido no trasciende y se perdona fácilmente la falta de coherencia; el elector exigente escasea por estos rumbos electorales. A lo anterior debemos añadir la multiplicación de alternativas partidistas que se parecen más entre ellas, no tienen bien delineadas sus fronteras ideológicas y propician que los tránsfugas pasen de un partido a otro sin comprometerse ideológicamente, nadan cómodamente en el mar de la ambigüedad.

Estas prácticas, también conocidas en el bajo mundo de la política mexicana como «chapulineo», reportan altos costos para la vida democrática de los países, la credibilidad en los partidos políticos y la confianza en los actores de la vida pública; además perjudica la gobernabilidad, sobre todo cuando se llevan a cabo en el pleno ejercicio de funciones; todas estas consideraciones deben ser tomadas en cuenta por el elector al momento de volver a ver al candidato con antecedentes de transfuguismo.

El tránsfuga querrá convencer a quien lo cuestione, usará múltiples justificaciones subjetivas como la falta de garantías democráticas, bloqueo de proyectos, intransigencias limitantes, cerrazones y más; pero aquí es donde entra la capacidad de análisis del elector, desde mi particular punto de vista, el transfuguismo solo se justifica si el político en cuestión es fiel a sus ideales, proyectos, propuestas y capacidades, y en la búsqueda bien intencionada de llevarlos a cabo a favor de una causa superior, los traslada congruentemente (y explicando las razones) a otra agrupación política en la que si tengan eco; lo anterior es difícil de demostrar toda vez que como es costumbre, se recurre a la manipulación y maquillaje de los intereses personales.

Debemos apostar a la constante revisión ciudadana de los comportamientos de los funcionarios públicos y observar de forma detallada la ejecución de prácticas tránsfugas que dan pie a falsas mayorías parlamentarias, aprobaciones convenientes de presupuestos y proyectos cuestionados en todos los niveles, desde los cabildos hasta las Cámaras del Congreso de la Unión, lo anterior con la finalidad de limitar la ejecución de prácticas transfuguistas y el oportunismo electoral.

No nos conformemos con la idea arraigada de que la política es sinónimo de juego de traiciones y deslealtades y que se acompaña de actos pragmáticos para asegurar su supervivencia, ya que las deslealtades no se ejecutan solo en las cúpulas y en las mesas de negociación, tristemente son trasladadas a los intereses de los ciudadanos, es la sociedad la que ve pasar frente a sus ojos la deslealtad al voto sufragado y el golpe a la confianza depositada en las personas.

Este 2021 investigue a los candidatos, si está en presencia de un tránsfuga analice el caso y si es posible cuestiónele, a nadie le gusta ser traicionado en aras de la libertad política de participación.

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