«Los estados son como los hombres, nacen de sus mismos rasgos.»

Platón.

¿Cuáles son las características que hacen que un candidato sea idóneo para ocupar un cargo de elección popular?, ¿quién gobierna mejor, el que tiene cercanía con la gente, el que estudió mucho, el que goza de experiencia en el sector privado, quien ya ha trabajado como servidor público, el joven, el viejo…?

Esta añeja discusión asalta las redes sociales hoy en día, pero no es nada nueva… Para que se sienta usted acompañado en sus inquietudes —y guardando toda proporción—, le presento a los griegos del siglo IV; también en ese entonces había decadencia política, crisis de perfiles y discusiones sobre quien debería gobernar la polis.

Platón decía que los filósofos eran quienes debían gobernar, ellos contemplaban la idea del bien, por lo tanto tomarían las mejores decisiones; Aristóteles sabía que los filósofos se encontraban alejados de los asuntos terrenales, de lo que la realidad política exigía, y es que, el hombre sabio no necesariamente es un hombre de entendimiento.

Ya entonces se sabía que las capacidades indispensables para gobernar, en ocasiones se excluyen entre sí; el hombre sabio, el filósofo, era motivo de burla entre la población griega  — como Tales, de quien se rio la campesina cuando, mirando al cielo se cayó dentro del pozo que estaba a sus pies­ —, se pensaba que estaban ajenos a la realidad y no tenían ni idea de lo que era bueno para su ciudad. Por otro lado, los llamados hombres de «entendimiento» eran criticados porque estaban en los asuntos humanos, tenían liderazgo, pero no estaban calificados para gobernar, carecían de los conocimientos necesarios.

Por supuesto hemos evolucionado, ahora sabemos que el conjunto de capacidades, preparación, habilidades para comunicar, liderazgo, experiencia, ideología, valores y muchos atributos más deben conjugarse para dar forma al perfil ideal.

Pero existe un pequeño problema, en política como en otras actividades, lograr equilibrios es difícil, los pobres griegos ya se quejaban de lo mismo; del siglo IV a la fecha seguimos enfrascados en el mismo tema… Fugazmente aparecen perfiles capaces, preparados, con los valores bien puestos y además con liderazgo y fuerza en sus palabras y más aún, en sus acciones; pero en general las limitaciones humanas nos ganan la carrera.

Cuando de ganar elecciones se trata, es muy común que prevalezcan atributos como la popularidad, el uso de la imagen física, la habilidad de negociación y algunos más que no necesariamente se relacionan con la preparación, la capacidad y el compromiso; es por eso que frecuentemente vemos figuras del medio artístico y deportivo postulándose para cargos de elección popular, por supuesto, bajo el amparo de los partidos políticos que ven en cada uno de ellos la posibilidad de acrecentar sus votos, su poder y sus prerrogativas públicas. Probablemente estos candidatos sean pasajeras figuras que juegan un papel previamente acordado, a quienes se les dan instrucciones para que no se «pierdan» en el camino, al fin y al cabo, para eso existen los asesores, para que los que ganan elecciones ocupen el espacio, y los que «saben y estudiaron» les ayuden a no hacer el ridículo.

El panorama empeora cuando la población se deja llevar por la luz brillante de las celebridades, y se alimenta la deplorable práctica de apoyar al que es «más conocido»; sin duda una terrible apuesta que empobrece los espacios de la toma de decisiones, y deja fuera a muchas mujeres y hombres capaces.

¿A quién culpar?, ¿al pueblo ignorante?, ¿al líder embriagado de poder?, ¿al personaje que se sabe incapaz y a pesar de eso se postula?… Sin duda todos comparten la responsabilidad de llevar al poder a los populares, en lugar de apoyar e impulsar a quienes saben y pueden.

Partidos como el PAN, abandonaron prácticas internas que buscaban de alguna forma u otra evitar lo antes descrito; aplicaban exámenes a quienes buscaban postularse, quien no pasaba, estaba fuera de la contienda interna, esperando el momento en el que demostrara conocimiento de la labor que buscaba ejercer. Seguramente se consideró que dichos filtros excluían y solo dejaban pasar a los más aplicados, terminaron por ser eliminados.

En el mundo laboral, cualquiera que aspira a tener un puesto de alto nivel y responsabilidad, bien remunerado y del cual depende en gran medida el futuro de una empresa, es sometido a evaluaciones de todo tipo antes de ser contratado; la misma exigencia debería aplicar para los candidatos que pretenden gobernarnos y tomar decisiones que afectan a millones de mexicanos.

Como siempre, ante la falta de compromiso y respeto hacia la ciudadanía, es el votante quien debe examinarse a sí mismo y preguntarse ¿qué busca al momento de votar?, ¿quién representa mejor sus intereses y los de la colectividad?, ¿quién es más capaz para ejercer el cargo?, volvemos a la imperativa necesidad de hacer de nuestro voto, un acto razonado.

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